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Autor Tema: Zama (2017)  (Leído 591 veces)

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Desconectado Emi

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Zama (2017)
« en: Viernes 06 de Octubre de 2017, 20:13:44 »


Título original: Zama
Año: 2017
Duración: 115 min.
País: Argentina
Director: Lucrecia Martel
Guion: Lucrecia Martel (Novela: Antonio Di Benedetto)
Fotografía: Rui Poças
Reparto: Daniel Giménez Cacho,  Matheus Nachtergaele,  Juan Minujín,  Lola Dueñas, Rafael Spregelburd,  Daniel Veronese,  Vando Villamil
Género: Drama | Siglo XVII


Sinopsis: Zama narra la historia de Diego de Zama, un funcionario americano al servicio del imperio colonial español en la Asunción del Paraguay de finales del siglo XVIII, quien espera durante nueve años una reasignación que lo lleve a una ciudad de mayor prestigio como Buenos Aires, Lima o Santiago de Chile. La espera, - de un barco con noticias de su familia, de su traslado o de un acto heroico - que se torna insoportable, tediosa y desmoralizante, es el principal protagonista de esta narración.


https://www.filmaffinity.com/ar/film417998.html

Desconectado Emi

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Re:Zama (2017)
« Respuesta #1 en: Viernes 06 de Octubre de 2017, 20:17:26 »
Abro el hilo para que, si alguno tiene la suerte de verla en Sevilla la comente  :sisi


Yo les dejo mis garabatos disfrazados de opiniones.



Durante mi segundo visionado de Zama pensé bastante en Claire Denis. Esa directora francesa que tanto se interesó por las marcas del colonialismo, y sobre todo las del pos-colonialismo, en su Francia natal resonaba constantemente en cada fotograma de Zama. Es que un cine argentino que en el último tiempo siempre se mostró abierto a los problemas más actuales de la sociedad, pocas veces se fijó en ese pasado colonial de la forma en que lo hizo Denis y lo hace ahora Martel. La evolución de nuestra relación con el pasado colonial es muy distinta que la de los países centrales: En la historia francesa, el blanco es el incontestable invasor del África y por lo tanto el francés actual lleva encima la culpa de esa invasión. “Nosotros”, en cambio, no fuimos un país invasor y nuestra “gesta revolucionaria” tomó el carácter de blancos liberándose de otros blancos. La historia no nos enseñó el remordimiento por esa otredad étnica devastada, ni siquiera cuando esa primera historia oficial fue revisada: los culpables eran los españoles. “Nosotros” no éramos esos culpables. El razonamiento es tan cínico y ridículo que cuesta creer en su vigencia y en que, pese a que en los ámbitos intelectuales ha sido absolutamente dejado de lado, el cine haya sido tan lento en mostrar esta cara de nuestra historia colonial y poscolonial. Hoy en la argentina, esa otredad étnica reaparece en el primer plano y la adaptación de la gran obra de Di Benedetto por parte de la aclamada Lucrecia Martel, llega de manera providencial para invitarnos a pensar esa realidad postergada durante tanto tiempo.

Lo primero que notamos en Zama es el rigor histórico de la puesta en escena. La obra que representa es una novela histórica notable, pero todo que vemos en la película ha tenido que ser reconstruido desde un estudio minucioso de la época porque la novela de Di Benedetto está contada desde el ensimismamiento del personaje principal, por lo que todo el afuera queda en un segundo plano. Aquí, Martel va desparramando elementos que van haciendo notar su visión política de esta realidad. En ese espacio cerrado que dice llamarse civilización, hay una constante irrupción de elementos de la salvaje naturaleza que desentonan con entorno artificial que se busca crear: hay un mensaje enclavado en la puesta acerca de lo irrisorio de querer conquistar ese espacio sin dueño. Esa búsqueda de lo risible de tal empresa aparece mejor expresada más adelante, como veremos.

En las dos primeras partes de Zama, el relato de los hechos que le suceden a Don Diego y que se heredan directamente del texto adaptado, mutan de forma inteligente en una narración que remite automáticamente a las ya típicas inquietudes Martelianas: esos retratos pausados y duros sobre altas clases sociales envejecidas y a punto de estallar. Zama es, en este primer momento, la película más parecida a La Ciénaga que hace Martel y el logro de llevar un texto considerado infilmable al terreno conocido de las propias inquietudes cinematográficas, es una lección inolvidable que da la directora acerca de cómo se hace una trasposición de la literatura al cine. Ya podrían aprender de Martel los dos directores/guionistas que adaptaron obras de Stephen King este año. Quizá este entendimiento absoluto de cómo se realiza una trasposición es lo que aleja a Martel de El Eternauta: ya sabemos que la policía de la adaptación comiquera (y agreguemos al anime en la bolsa porque ya vimos cómo le fue a Wingard con su Death Note) es bastante más severa que el fantasma de Di Benedetto. Los cambios que realiza Martel a la obra original son de carácter completamente político y afectan sobre todo el devenir de ciertos personajes femeninos: Martel no elude (a diferencia de otros) que es una mujer de 2017 quien está adaptando una obra histórica escrita por un hombre; y que ese texto es un elemento de la historia que existe para ser releído, reinterpretado y, si es necesario, irrespetado.

¿Podríamos haber estado 2 horas explorando qué tan cenagoso es ese espacio de la colonia española? Ciertamente podría ser interesante como precuela espiritual de La Ciénaga, pero por suerte el texto original nos propone ir más allá y Martel encuentra en la espera del personaje principal, un puente perfecto para ir llevando la historia desde su terreno de confort hacia uno totalmente novedoso que se revela en la tercera parte del film. La directora, que ha sido siempre una cultora de la importancia del sonido en el cine, utiliza diversos artificios que resultan toda una novedad para expresar el encierro que vive Don Diego de Zama (asistimos a una película que muchas veces se arriesgará a poner sonido al pensamiento de los personajes, en un intento de apropiarse de herramientas a las que el cine occidental no nos ha acostumbrado). Hay mucho de experimental y se advierte cierta tosquedad, pero es una puerta abierta hacia lo que pueden ser las futuras experimentaciones de Lucrecia. Por supuesto el sonido, técnicamente el mejor que ha tenido alguna vez una película latinoamericana (aunque me arriesgo a decirlo), también se usa de formas más tradicionales y hay una profundidad de elementos sonoros en varios momentos de la película que resaltan esa sensación de que la colonia es un enclave en el medio de la nada. Ni hablar en las magistrales escenas en que los indios aparecen en escena, donde la capacidad que tiene ese sonido para envolvernos, nos lleva el peligro hasta nuestros propios cuerpos.

Zama en la historia de un funcionario cuya identidad y cordura se diluye mientras espera un traslado que nunca llega, la historia de un hombre desarraigado por su intento de permanecer firme en su “identidad española” y que lentamente va perdiendo ese orgullo blanco. En cada elipsis, Zama está cambiado, ha renunciado a algún elemento constitutivo de su identidad. El libreto es sumamente cruel con el personaje. Pareciera este Don Diego de Zama una creación de los hermanos Coen, un personaje creado para hacerlo pasar por todo tipo de tormentos, vigilados por una mirada que muchas veces parece reírse de sus miserias. Hay cierta crueldad inédita en el cine de Martel hacia este personaje que resulta de la fusión perfecta de la doble mirada del autor del libro y de la autora de la película. Es una fusión fascinante y dura de ver.

La espera del traslado se hace inútil y en el tramo final empieza la locura. Son muchos los que han sentido en su primer acercamiento que este tramo era el menos logrado de la película. Yo mismo pertenecía a ese grupo hasta verla por segunda vez; ahora pienso lo contrario: Aquí está el corazón de lo que hace a Zama una obra maestra. Cuando la espera por noticias reales del traslado se ha vuelto una empresa inútil para Don Diego, alistarse a la empresa “épica” de capturar al bandido de carácter casi mítico llamado Vicuña Porto parece ser la única oportunidad de llamar la atención de la Corona. Así, de la misma forma que Zama abandona ese enclave de la civilización para meterse en la insondable tierra virgen del Brasil, Martel inicia en este tramo una nueva etapa de exploración. Atrás quedan los contactos con Denis. El giro lleva a la película a terrenos reconocibles por el cine latino de época pero vaciados del heroísmo que siempre ha tenido. Ahora, la profundidad de campo que tan fundamental es en el cine de la salteña convierte al terreno en algo inabarcable. Vuelve la sensación de ridiculez de la empresa, aumentado por el actor elegido para hacer del capitán de la partida, un actor de ineludible vena cómica como Rafael Spregelburd. Si la frase “Su Majestad el Rey de España, señor de estas tierras…” podía sonar aún más ridícula en ese paraje salvaje, lo hace por la interpretación de Spregelburd.

El contacto con el otro, la cobardía y ruindad del civilizado y lo insondable del espacio colonizado, enfrenta a Zama ante lo último que sostiene su identidad. El Zama del final de la película ha mutado por completo. Pero este contacto con los límites de la propia identidad del personaje, es también un viaje que hace el espectador hacia las más vergonzosas raíces del edificio civilizatorio en el que hoy se mueve. Lo más valioso que Martel le saca al libro de Di Benedetto es la forma en que logra deconstruir los conceptos originales para hacerlos mutar en conceptos que, por alguna habilidad clarividente que le desconocíamos, demuestran ser de absoluta actualidad y de mayor eficacia política para interpelar al espectador.

Zama parece el fin de una etapa y tiene muchos rasgos que lo hacen un film definitivo. Seguramente no veamos a Martel en un largo tiempo, pero cuando vuelva, ¿cómo se sigue después de Zama? ¿Será Zama, como alguna vez dijo Llinás sobre “La Flor”, la obra que agota todo lo que se puede contar desde la ficción? Me inclino a pensar que sí, pero por suerte con Lucrecia no hay posibilidad de fallo: filma lo que quiere cuando quiere y sólo vuelve cuando tiene algo para decir. Ahora que estos 9 años de esperar a Zama ya han finalizado, comienza otra larga espera. Todo se queda chico en nuestra cinematografía tras el paso arrollador de la más grande de sus representantes, la primera directora argentina que osa meterse en la historia grande del cine.
« Última modificación: Viernes 06 de Octubre de 2017, 20:34:29 por Emi »

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Re:Zama (2017)
« Respuesta #2 en: Domingo 29 de Octubre de 2017, 21:10:33 »
La vía la semana pasada; había leído la novela a principios de año, que es extraordinaria, altamente recomendable.
Mi primera impresión es la de haber visto una película importante y ambiciosa por las búsquedas formales y que supera la media de los trabajos presentados usualmente por estos lares, sin embargo no recibí un impacto revelador de encontarme ante una obra maestra instántanea. Esta es una primera recepción que seguramente vaya mudando de sentido con nuevos visionados y con el trabajo rumiante que permite el paso del tempo. Quizás también haya jugado fuerte en mi relación con la película tener tan presente la admiración y el efecto sumersivo que produce la escritura de Di Benedetto, amén de las complejidades del punto de vista organizado mediante un soliloquio que crea el texto litaerario.
Lo que comprendí con claridad es cómo decidió leer Martel el texto, desde qué ángulos e intereses y cómo a partir de allí organizó los recursos cinematográficos.
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Re:Zama (2017)
« Respuesta #3 en: Domingo 29 de Octubre de 2017, 21:31:14 »
Seguramente Zama sea, como dicen, una novela infilmable y la única forma de filmarla sea traicionándola un poco. A mí me parece extraordinaria la decisión de Martel de quitar lo más cruel del relato de Di benedetto y, en base a esta nueva mirada, animarse a darle a esta versión un final que puede entenderse como feliz en algún punto. Más allá que, como remarqué en mi comentario, por momentos se deja ver una saña particular contra el personaje, creo que este posicionamiento de Martel en contra de un registro exacerbado de la violencia y la miseria deja entrever el por qué se quedó fuera de los grandes festivales que hoy están celebrando precisamente el regodeo en la crueldad.

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Re:Zama (2017)
« Respuesta #4 en: Lunes 30 de Octubre de 2017, 00:43:45 »
Es que una buena, como se llama ahora, transposición requiere traicionar el texto en tanto esto significa captar su esencia, su espíritu, reapropiárselo y reconstruirlo en el otro medio. Por eso escribí la palabra entre comillas, porque sé que lo interesante nunca puede ir por el lado de intentar una copia de un medio a otro. Lo que sí me me parece difícil es conseguir una tensión equivalente entre el visionado de una película y la lectura, son dos experiencias distintas, pero también creo que Martel propone una solución atinada cuando usa el primer plano sobre los ojos y gestos de Zama y pone en primer plano los sonidos para que aparezcan como su contenido de conciencia, aunque quizás sea insuficiente; no sé por qué yo eché en falta un poco más de metraje en el desarrollo de algunos episodios de la historia e incluso momentos de mayor contemplación.
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Re:Zama (2017)
« Respuesta #5 en: Lunes 20 de Noviembre de 2017, 12:45:05 »
Seguramente no vea Zama hasta mucho después, pero ¿alguien ha leído el libro? Y si es así, ¿cómo está?

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Re:Zama (2017)
« Respuesta #6 en: Lunes 20 de Noviembre de 2017, 16:10:04 »
Seguramente no vea Zama hasta mucho después, pero ¿alguien ha leído el libro? Y si es así, ¿cómo está?

El libro es extraordinario. Ha sido puesto en filiación con Kafka, con las novelas existencialistas francesas de los años cuarenta e incluso con Borges, pero en verdad se trata de algo que recuerda por momentos a aquellos, pero no se parece a nada. Tan magnífica es su escritura.
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