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Autor Tema: El reportero (1975)  (Leído 400 veces)

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Desconectado Minutemen

El reportero (1975)
« en: Viernes 21 de Abril de 2017, 12:16:08 »

TÍTULO ORIGINAL: Professione: Reporter
AÑO: 1975
DURACIÓN: 119 minutos
PAÍS: Italia
DIRECTOR: Michelangelo Antonioni
GUIÓN: Mark Peploe, Michelangelo Antonioni, Peter Wollen
MÚSICA: Ivan Vandor
FOTOGRAFÍA: Luciano Tovoli
REPARTO: Jack Nicholson,  María Schneider,  Jenny Runacre,  Ian Hendry,  Ambroise Bia, Steven Berkoff,  José María Caffarel,  James Campbell,  Manfred Spies, Jean-Baptiste Tiemele,  Charles Mulvehill,  Ángel del Pozo,  Narciso Pula, Gustavo Re,  Joan Gaspart
GÉNERO: Road movie, aventura, drama.
SINOPSIS: David Locke (Jack Nicholson) es un periodista hartado de una vida en la que está sofocado. Al volver a casa, se encuentra con el cadáver de un hombre de negocios. En ese momento, toma una decisión: vivirá la vida de ese hombre y enterrará la suya.

Link a la ficha en FA: http://www.filmaffinity.com/es/film926575.html


Desconectado Minutemen

Re:El reportero (1975)
« Respuesta #1 en: Viernes 21 de Abril de 2017, 12:30:16 »
Mañana seguramente acabe de rematar lo que estoy escribiendo por ahora.

Desconectado El Nota

Re:El reportero (1975)
« Respuesta #2 en: Viernes 21 de Abril de 2017, 20:08:56 »
Otra eterna pendiente. Esperando a ver qué escribes de ella :sisi

Desconectado Minutemen

Re:El reportero (1975)
« Respuesta #3 en: Sábado 22 de Abril de 2017, 14:51:02 »
Supongo que tocaría hacer un resumen muy largo, pero allá va.

Mi primera experiencia con Michelangelo Antonioni fue por la televisión. Estaba en otro foro cuando se reivindicaba por aquel entonces (de esto ya hace un lustro) la importancia de Antonioni y lo infravalorada que estaba Blow-Up. Así pues, cuando vi que la echaban por la televisión, no dudé un instante: le di al botón de grabación y me puse a verla. Y ahí, señoras y señores, caí rendido a sus encantos.

Hay una escena de El reportero que resume totalmente lo poco que he visto del director. En esta escena, Jack Nicholson (David Locke) entrevista a un chamán que había estado en Francia. Nosotros, como espectadores, estamos viendo a través de un máster de grabación. Locke va lanzando varias preguntas, pero todas caen proyectadas hacia el silencio del otro; sin embargo, y de repente, el chamán gira la cámara y le contesta una frase que define totalmente al director: "Podría darle las respuestas que le dejaran satisfecho a usted y a sus lectores". Sin embargo, ¿de qué serviría? El chamán, de nuevo, es quien vuelve, con ese giro de cámara al entrevistador, a remitirnos que nosotros somos el foco importante: "Es en las preguntas en donde conocemos más a las personas que en sus propias respuestas".

Así pues, El reportero podría definirse como la evolución y exploración de la forma de ver el cine de Antonioni a través de una huida hacia adelante. E protagonista vive sofocado por su vida actual y decide tomar una vida distinta, tomando así una de las fantasías del periodista por antonomasia: la posibilidad de saber cómo es la vida cotidiana de aquellos a los que entrevista. Sin embargo, el amor no es en este caso el motor, sino la curiosidad de experimentar una vida ajena, de meterse en la piel e ir explorando. Ese voyeurismo extremo, esa fantasía típica del periodista, es el salto sin red que propone Antonioni.

Como siempre, lo menos importante en Antonioni es la trama. Pese a que el director italiano afirmaba en sus entrevistas que la historia se cristalizó a través de su guion, El reportero acaba siendo, como siempre, un mérito mayor del director, que afirmaba que hubo un momento en que su dirección conseguía desplazarse de sus personajes y de la historia para liberarse totalmente. En palabras del director, le dieron la oportunidad para que “los eventos cambiaran y se engrandecieran a través del plano”.

Esta declaración en concreto resume muy bien la película. Antonioni se toma su tiempo dejando no solo que los planos respiren, sino que también los personajes sean explorados por la cámara. El italiano juega con el tiempo y el espacio, a veces alargándolos (como la escena final), otras veces sumiéndose en otros medios (los flashbacks que se suceden en los momentos de la grabación) y otras muchas fletando entre el tiempo y el espacio, dejando así que la información sea la que predomine en el cuadro, como es el flashback en el que Locke recuerda a su compañero de cuarto fallecido (la otra gran escena de la película). Entre figuras gaudinianas, hoteles de carretera y salones de masaje españoles, Locke se encuentra a la perfecta compañera de aventuras en una joven estudiante de arquitectura que se convierte en faro, guía y compañera de este camino divertido a ninguna parte que, en el fondo, no deja de asemejarse a lo que es la vida.

(Me habré quedado un tanto cojo escribiéndolo, pero weno).